III
El rey a carcajadas. Un instante
sollozaron las hespérides por su vergel.
Los matorrales, el vesperal
no contenía su belleza. La música
peregrina, en su silencio de pronto
sucumbió el vergel, pero el rey reía.
Publicado por Alejandro Lattapier en 8:58 PM
Etiquetas: Alejandro Lattapier
Mientras escribo me siento justificado; pienso: estoy cumpliendo con mi destino de escritor, más allá de lo que mi escritura pueda valer. Y si me dijeran que todo lo que yo escribo será olvidado, no creo que recibiría esa noticia con alegría, con satisfacción pero seguiría escribiendo, ¿para quién? para nadie, para mí mismo.
Y es así que los dioses rompen en llanto
y lloran todas las diosas por la belleza que perece,
porque lo perfecto muere.
Shiller
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