- Escucha el viento, el lento balar
de los muertos, su estrofa de eternidad. Sueñan, se desmoronan.
- ¿Y este silencio por los días?
- La derrota. La inútil belleza que nos soñaba.
- La derrota. La inútil belleza que nos soñaba.
- Es una utopía esta despedida.
Toda memoria de ella. Este mundo herrumbrado cautivo de si mismo, el instante
en que la vida permanece en un vago prodigio de pájaros. Desde que descalza,
madre, por la noche eras tibia penumbra de espigas en las mieses de la muerte.
El dolor que entraba por la ventana, dolor de tardes y huesos, furtivo crujir
de ese país desterrando su geografía. Entonces el cáncer. Cierto oscuro temblar
de penumbras, abiertas flores y su
perfume donde buscaba tu sangre. Alguna palabra para dormir paisajes y calles
inermes, olvidadas.
(Se acerca un niño muerto y les entrega una flor podrida)
- Un día, hijo, tendremos algo que no se pudra como las
flores o como el amor.
Alejandro Lattapiat




